«Cuarto Milenio», el programa de sucesos, actualidad y misterio capitaneado por Iker Jiménez, se encuentra inmerso en su decimonovena temporada en Cuatro. En la noche de ayer domingo, 12 de noviembre, la que fue su emisión número 765, abordó en profundidad los crímenes de los dos empresarios que tuvieron lugar recientemente en el municipio ciudarrealeño de Manzanares y del que informó puntualmente nuestro medio, Tomelloso Hoy, tal como comentaron los periodistas durante la emisión del programa.
Bajo el título «La premonición de Manzanares», la sección comenzó con la recreación de una escena que tuvo lugar en la localidad y donde puede verse como una agente inmobiliaria enseña un piso al empresario Antonio Caba. En aquel momento, la conducta del hombre incomodó y alertó a la agente, que pudo finalizar su cita con él de forma amistosa, aún con la sensación de haber corrido peligro durante la misma. Sin saberlo, la mujer estaba en lo cierto: había tenido una premonición de lo que vería meses después en televisión.
Todo empezó con la desaparición del empresario Jesús María González Borrajo, ocurrido durante su desplazamiento a Manzanares desde Playa de San Juan, en Alicante, para recoger un dinero fruto de la compra-venta de una finca en dicha localidad. Nunca mas se supo del empresario, ni siquiera su mujer, que puso la pertinente denuncia. Las investigaciones relacionaron dicha desaparición con la de otro hombre, Juan Miguel Isla, ocurrida meses antes y con la que tenía un denominador común: el también empresario Antonio Caba.
El periodista del programa, Paco Pérez Caballero, se desplazó hasta Manzanares para investigar la desaparición y muerte de los dos empresarios, que contó con los testimonios, entre otros, de Ana Pobes, periodista de «La Tribuna de Ciudad Real». Pobes contó que la aparición del coche de Isla en Albacete “puso nerviosos tanto a él como a su presunto cómplice, Gaspar Rivera, lo que llevó a los investigadores hasta una finca donde aparecieron los restos del primer empresario desaparecido, el 15 de marzo de 2023. La autopsia confirmaría después que su muerte se produjo por el disparo de una de las numerosas armas que Antonio Caba, aficionado a la caza, tenía en su domicilio.

Sin embargo, en aquel momento el empresario no fue detenido, pero sería el testimonio de su presunto cómplice, Gaspar Rivera, tal y como contamos en Tomelloso Hoy, lo que destapó todo. Rivera ya había sido objeto de investigación cuando se le interceptó conduciendo el coche de Juan Miguel Isla, con el que se detuvo en una gasolinera a comprar un refresco y un «Bollicao». Fueron sus declaraciones, fruto del nerviosismo y la presión, lo que hicieron a los investigadores sospechar de otra finca, que terminó siendo inspeccionada el pasado mes de junio, y donde finalmente se encontró parte del cadáver descuartizado, y en bolsas de basura, del segundo empresario desaparecido, Jesús María González Borrajo.

Tal como cuenta Manuela Santiago, Portavoz de la Guardia Civil de Ciudad Real, se tuvo que diseñar “un gancho como los de coger premios en las ferias populares para poder rescatar los restos del empresario en un pozo estrecho y de difícil acceso”. Estos sucesos terminaron, esta vez sí, con la detención de Antonio Caba.
En «Cuarto Milenio» analizaron detenidamente los hechos, compartiendo las fuentes en las que habían basado su investigación, entre las cuales está nuestro periódico, Tomelloso Hoy, que informó puntualmente de aquel caso. Fue el propio Iker Jiménez el que confirmó que no se descarta que hayan mas desapariciones relacionadas con el empresario.

Además, los colaboradores presentes se sorprendieron con la intuición de aquella mujer, agente inmobiliaria, que predijo meses unos hechos sobre un hombre con lo que, apenas pasando unos minutos, auguró que era peligroso. En este sentido, el doctor Gaona, psiquiatra y colaborador del programa, habló de que la premonición es fruto de “la interpretación, encriptación en la memoria y el contexto de todo lo que sucede a nuestro alrededor”. Además, sobre el perfil del presunto asesino, explicó que “aunque se apunta a un móvil económico, estos perfiles exhiben cierto placer a la hora de cometer sus crímenes porque se sienten amos y dueños de la situación”, añadiendo que, desde el punto de vista criminológico, “los descuartizadores necesitan tener un contacto físico con la víctima con la que han tenido un trato hacia ellos”.







