Las leyendas cuentan que uno de los sueños truncados de Stanley Kubrick fue no haber podido rodar nunca una película sobre Napoleón. Hoy, Ridley Scott, gran admirador del cineasta, trae a los cines una cinta de la que seguro Kubrick estaría orgulloso.
Scott («Blade Runner», «Alien: El octavo pasajero») se pone a los mandos de una película sobre la mundialmente conocida figura del emperador francés que como bien dice el claim de la película «llegó de la nada y lo conquistó todo». No es la primera vez que habla de este periodo histórico: su primera película, «Los Duelistas» de 1977, ya estaba ambientada en las guerras napoleónicas. Aquí no solo vemos el camino hacia las conquistas de Napoleón, también lo hacemos sobre su vida interior y personal donde todo ello tiene un denominador común: la ambición. La piedra angular de su vida es su esposa Josefina, como bien recoge la película, e interpretada por una brillante Vanessa Kirby («The Crown», «Misión Imposible»), con la que no deja de escribirse por carta y reflexionar sobre sus miedos e inquietudes en las largas campañas bélicas que Bonaparte libra por Europa y África.
Joaquín Phoenix («Señales», «Her» o «Joker», papel con el que se alzó con el Oscar) asume la difícil tarea de encarnar a Napoleón Bonaparte a órdenes de Ridley Scott, que ya le dirigió en «Gladiator». Ahora, el galardonado director vuelve a sus 85 años con una joya que sin duda se hará un hueco en los Oscars.
De nuevo en colaboración con CINES LA DEHESA DE TOMELLOSO, llega a Tomelloso Hoy: «NAPOLEÓN».
La película abre con una declaración de intenciones mostrando la decapitación de María Antonieta, última reina consorte antes de la Revolución Francesa. En aquel momento, Napoleón Bonaparte era un joven oficial militar preocupado por el rumbo político y social de su país y con una clara visión estratégica de la guerra. Así se muestra en sus primeros diálogos, donde sugiere un plan para conquistar Tolón.
Su ascenso es imparable y su ambición solo se detiene para prestar atención a Josefina, de la que ha quedado profundamente enamorado. Su matrimonio tiene altos y bajos, fruto de los intentos por tener un hijo que nunca llega y producto de las largas campañas que Napoleón libra fuera de Francia, donde consigue reputación, credibilidad y el temor de sus enemigos.
La película evidencia que el montaje propuesto para cines no es el definitivo y que la versión final, de cuatro horas, cuyo estreno está previsto mas adelante en una plataforma, da mas cuerpo a algunas escenas que por momentos quedan cojas y abruptas, sobre todo en la primera mitad de la película.
Falta de metraje que se nota menos en la segunda mitad de la cinta, a partir de la batalla en el hielo de Austerlitz. Una escena colosal y extraordinariamente bien rodada que pone de manifiesto la mano del director para rodar escenas de batallas. De ellas hay varias en la película y no sabría decirles con cual quedarme porque todas eligen planos inolvidables. Escenas bélicas que no solo se viven en el campo de batalla, también en la cabeza de Napoleón que observa y dirige a su ejército.
«Napoleón» es la suma de una fotografía impecable, un belicismo hipnótico y una interpretación sublime de los dos protagonistas que nos dejan impacientes por ver esa versión de cuatro horas. Mención aparte merece el momento de Josefina leyendo el documento de divorcio.
Podemos afirmar que, si esta fuese la última cinta de Ridley Scott, el director ha cerrado un círculo sobresaliente con una película que ya cabalga rauda y veloz hacia un hueco (y no pequeño) en la próxima edición de los Oscars.







