Quedan sólo unas horas para que comience Halloween, la noche más terrorífica del año. Será el momento en el que muchos desempolvemos nuestros aterradores atuendos con los que espantar en cualquier fiesta, mientras que otros acompañarán a los más pequeños de la casa de puerta en puerta para el truco o trato. Porque, aunque se trata de una celebración que tiene su origen en Estados Unidos, cada vez es más común que se conmemore en los países hispanohablantes, como es el caso de España. De hecho, los colegios se llenan de niños vestidos con aspecto cadavérico, por las calles transitan zombies que consiguen hacer temblar al más valiente, mientras que las televisiones completan sus programaciones con películas de asesinos en serie. A todo ello se suma, justo después, la tradicional celebración de Todos los Santos, en la que acudimos a los cementerios para arreglar los panteones en los que honramos a nuestros seres queridos. Porque, aunque con distintas costumbres, con solemnidad o con jolgorio, tanto Halloween como Todos los Santos son lo mismo, un recuerdo a los muertos. Jornadas de culto hacia ellos en las que, desde tiempos inmemoriales, también se realizan rituales con los que podemos elevar nuestros sentimientos hacia esos seres queridos que han partido.
Rituales para conseguir ponernos en comunicación con el más allá, con los mundos no terrenales, como el que nos enseña a preparar en las siguientes imágenes Victoria Braojos, experta en magia ritual, tarot y simbolismo que, además, es directora de la Escuela Esotérica Europea La Orden de Ayala, contando con seis centros repartidos por toda España desde hace trece años, uno de ellos situado en Tomelloso, de donde es originaria. Se trata de un altar dedicado a nuestros difuntos «especialmente para estas jornadas, cuando la tradición dicta que tienen un permiso para venir a visitarnos». Con él, los recibimos, diciéndoles que «eres bienvenido en mi casa y, si hay algo que me quieras comunicar, lo dejamos zanjado en este momento». Así pues, «podemos solucionar las rencillas que tenemos con ellos, comunicarles algo que creamos importante o, simplemente, pedirles su protección y que nos guíen». Todo ello mediante «una mezcla entre un altar tradicional manchego y mejicano, puesto que en La Mancha se suelen poner velas mientras que, en México, lo que se colocan son lamparillas de aceite, simbolizando la luz que está llamando al difunto a venir». Algo que únicamente lograremos utilizando también plantas de color blanco, con las que les indicamos «el camino que tienen que recorrer hasta llegar a esta puerta que les hemos abierto a través de un espejo», además de agua «para que alimenten la sed que tienen después de un largo viaje».
Como en muchas ocasiones lo que queremos conseguir con este tipo de rituales es «resolver alguna cuestión que tengamos pendiente con nuestros difuntos», Victoria Braojos recomienda contar también con incienso, puesto que «además de purificar el altar, consigue la armonía o la paz que queremos tener con ellos». Sin olvidarnos del banquete «típico de la tradición mejicana, en el que les ponemos las cosas que les gustaban cuando estaban vivos, como dulces, café, juguetes, porque en todas las familias ha habido niños, tabaco, porque qué antepasado de nuestro linaje no ha fumado alguna vez, licores o champán para la celebración, además de naipes como objeto de entretenimiento». Para completar el altar, con el objetivo de que sus almas «no se corrompan cuando estén entre nosotros, se necesita colocar sal en el centro, haciendo referencia así a los cuatro puntos cardinales, para que no se pierdan ni a la venida ni a la ida», así como una cruz en el suelo, «que simboliza la protección que, de alguna manera, los que rendimos un culto cristiano, relacionamos también con nuestra fe». Así, con todas estas cosas sencillas con las que solemos contar en nuestras casas, Victoria Braojos nos invita a «recibir a nuestros difuntos», pidiéndonos también un especial recordatorio «para todas aquellas ánimas benditas del purgatorio que se han quedado en ese llamado limbo, para que sus pecados sean perdonados y encuentren su camino».
Por último, Victoria Braojos recuerda que este tipo de rituales de culto a nuestros difuntos no son algo nuevo, puesto que «se han hecho siempre en distintas culturas como la mejicana, en la que se quedan en los cementerios o comen con ellos». Así, nosotros, hemos exportado «esas tradiciones que se mezclan con las religiones africanas, en las que el contacto con la dimensión de los muertos es constante, porque les guían, les protegen o, incluso, les dan consejos, al considerar que no están muertos sino que, simplemente, están en otro plano, desde el que los guían». Ella, a través de los sueños, la magia o los oráculos, lleva más de veinte años trabajando no sólo de una manera predictiva, sino que también usa técnicas como las constelaciones familiares, la incubación de sueños, la visualización creativa, la meditación o el tarot evolutivo para poder profundizar en el por qué del problema y, así, poder darle una solución real desde la parte material, espiritual y psicológica.















