Tan solo unas líneas para escribir el último artículo de José Antonio Negrillo, Tinete (como todos lo conocéis), mi padre. Un artículo como tantos otros que has escrito pero en el que lamentablemente, eres tú el protagonista. Siempre que escribías un artículo me mandabas un borrador y me decías “revisar y corregir” aunque luego no me hacías caso a nada. Esta vez es diferente.
Es curioso que nos dejaste el 25 de julio viernes, ese día de la semana que dedicabas a irte a cenar con tus nietos y que tanto disfrutabas. Para ellos, los viernes ya no serán igual.
Hace poco que te has ido de nuestro lado y no dejo de echarte de menos. Aún tengo clavada tu mirada con esos ojos grandes llenos de amor y de cariño que nos has dedicado a todos los que te hemos podido acompañar en tus últimos días. Esa mirada que nos resultaba tan difícil de mantener sin emocionarnos mientras nos decías que nos mirabas así porque te tenías que quedar con nuestra cara para llevártela. Toda tu vida has sido capaz de trasmitir mucho más con los ojos que con las palabras pero estos últimos días tu mirada nos llegaba a lo más profundo del corazón. Tanto, que todos los que salían de verte, no podían evitar salir llorando por muy fuertes que fuesen.
Tu vida ha estado llena de generosidad y cariño hacia los tuyos pero no solo para tu familia sino para mucha gente más que se ha cruzado en tu camino y a la que siempre has tratado de ayudar en todo lo que has podido. De hecho, tanto en la “Virgen de las Viñas”, como en la “Cruz Roja” o en los “Donantes de Sangre” te metiste para ayudar a los demás. Tus últimos días decías que no entendías qué habías hecho tú y que no eras tan importante para que la gente te quisiera tanto pero creo que toda la gente que te quiere, y es mucha más de lo que yo pensaba, te han devuelto todo lo que tú les has dado a lo largo de tu vida. Siempre has considerado a tus amigos como parte de tu familia, a conocidos como tus amigos e incluso has sido capaz de conseguir que tus médicos sean algo más que médicos y hayan sido como amigos.
Desde siempre, yo he sido la “hija de Tinete” y a mucha honra por cierto. Ya de mayor, cuando tenía que ir a hacer algo y me preguntaban quién era, me presentaba así y notaba que ya me trataban muchas veces de forma especial. Esas pequeñas cosas y otras muchas, me hacían notar que había mucha gente que te apreciaba pero no me podía imaginar que había tantas personas y que te querían tanto. En el tiempo que has estado en el hospital has tenido la suerte de sentir muchísimas muestras de cariño pero en el tanatorio, en el funeral y en estos días que llevamos, no te puedes imaginar todo lo que te quieren y cuánta gente. Las muestras de cariño que estoy recibiendo son increíbles. Cuando hay personas que te dan el pésame con la voz entrecortada, con lágrimas en los ojos y recordándote con ese cariño es porque realmente te querían. Eso no es por compromiso.
Rafa y yo tuvimos la suerte de presenciar en el hospital una visita de alguien a quien tú querías mucho. Además del cariño con el que te hablaba y con el que tú la mirabas, te dijo que eras un “ser de luz”. Me impactó en ese momento pero luego me lo ha repetido más gente al recordarte. No sé si serías un ser de luz pero si es cierto que transmitías una luz especial. Eras capaz de hacerte querer por todos los que te han conocido de verdad. Todas las personas que te han querido y han compartido momentos contigo recuerdan lo mismo de ti: tu generosidad, tu amabilidad, la manera de preocuparte por todos, ser una buena persona, tu alegría, tus chascarrillos, tu sentido del humor, tu fuerza para superar tus problemas de salud,….. Dicen que eres especial y una persona inigualable. Si desde algún lugar has podido ver tu despedida y cuánta gente te acompañó, seguro que estabas emocionado. Yo siempre he estado orgullosa de ser tu hija porque has sido un gran padre pero ahora, a pesar del profundo dolor de tu ausencia, estoy más orgullosa aún porque estoy viendo que has sido una gran persona que ha dejado huella en muchas personas.
De hecho, tu vida ha estado siempre dedicada a los demás y has sido generoso hasta para irte. Podrías habernos dejado ese viernes 11 de julio sin sufrir y en un instante pero “decidiste” regalarnos unos días en los que nos has dado tanto amor, amabilidad, generosidad y nos has enseñado tanto que no lo podré olvidar mientras viva. Siempre nos has ayudado sin hacer ruido, en silencio, sin hacerte notar pero en estos últimos días ha sido increíble todo lo que nos has enseñado. Para los que hemos podido compartir tus últimos días ha sido muy duro pero a la vez ha sido una suerte porque nos has dado a todos una increíble lección de vida y de generosidad. Hemos aprendido lo que realmente es querer y tener ganas de vivir. Tu aspecto era el de siempre y tu cabeza también. Seguías contándonos historias y con tu sentido del humor hasta el último día. Como te dijo Rafa, con gran acierto, “eres otro nivel, juegas en otra liga”.
Has tenido muchos episodios médicos y en tus catorce operaciones y múltiples pruebas, hay que reconocer que eras un poco miedoso y cada vez que te llevábamos a alguna prueba u operación ibas serio y triste porque parecía que te morías. Luego al terminar ya estabas como siempre y pensando en ir a comer o en una cereza fresquita. Por eso, estos días me ha sorprendido tu enorme valentía para afrontar la situación en la que estabas. Eras completamente consciente de lo que había (porque preguntabas a los médicos antes que nosotros) y has tenido que asimilar en menos de una semana que tu vida había llegado a su fin. Sabías que te ibas sin quererte ir y aún así estabas pendiente de todos nosotros y de dejar todo solucionado. Hasta estando en la UCI me mandabas un WhatsApp para pedirme un queso o pastas para todos los enfermeros que allí te estaban cuidando tan bien. Por cierto, un enfermo en cuidados críticos y con su teléfono móvil para estar en contacto e informándonos de la situación. Asombroso.
Ha sido increíble que estos días nos hayas dejado ser partícipes y poder compartir contigo todo el cariño que te ha mostrado tanta gente. Estar en pleno conocimiento ha sido una suerte para nosotros porque hemos podido disfrutar del Tinete de verdad hasta el último instante pero ha tenido que ser muy duro para ti ser consciente de esa situación. Hay que estar hecho de una pasta especial para coger el teléfono e ir despidiéndote de los tuyos uno a uno, por teléfono, por WhatsApp o por audio cuando ya no podías escribir. Decías que no pudiste despedirte de todos por falta de tiempo pero seguro que te perdonan. He oído cosas tan bonitas de ti que me han hecho quererte aún más de lo que ya te quiero.
Has dejado un enorme hueco en mi corazón y un gran dolor por tu ausencia pero me queda la tranquilidad que has llevado una vida plena y feliz en su mayor parte, has sabido saborear y disfrutar de la vida de verdad y te fuiste en paz y con tranquilidad, notando todo el cariño que te mostramos. Aún así, uno de tus días finales nos recordaste las últimas palabras que oíste de tu gran amigo Eladio Cabañero: “qué injusta es la vida, Tinete”. Decías que habías llegado al final aunque te hubiese gustado seguir más, que había sido corto.
Aprovecho la ocasión para agradecer a todas las personas las enormes muestras de cariño que te han dado en vida y las que nos han hecho llegar cuando te has ido. Han sido sinceras y tremendamente cariñosas. A todos aquellos que han hecho cientos o miles de kilómetros para poder estar contigo un ratito. Gracias por acompañarnos en estos duros momentos pero gracias a ese cariño hace que el dolor y el recuerdo se mitiguen un poco. Gracias a sus dos médicos, el Dr Gago de la Clínica Cemtro y al Dr Benezet por haber sido más que médicos, por haber sido sus amigos y haber estado pendientes de él. Gracias por sus atenciones y cuidados.
Gracias al equipo de la UVI móvil que lo atendió y recuperó ese 11 de julio, al equipo de observación de la UCI del hospital de Tomelloso que lo atendió cuando estuvo ingresado y muchísimas gracias a todo el personal del Hospital de Toledo por el trato recibido y la humanidad con las que fuimos atendidos. En momentos tan duros es muy importante sentirse arropados.
Si en algún momento se equivocó en algo o alguien se sintió ofendido, espero sepáis perdonarle, nunca hizo nada con mala intención.
Es cierto que te has ido de aquí solo porque no te vemos pero sigues estando con nosotros en muchas ocasiones.
Papá, espero que siga tu luz acompañándome siempre porque aún te sigo necesitando. Has sido siempre mi referente y estoy muy orgullosa de ti. Espero que nos volvamos a “ver”. Te quiero.
Flor Negrillo Díaz.
La muerte no es nada, sólo he pasado a la habitación de al lado.
Yo sigo siendo yo y tú sigues siendo tú.
Lo que éramos el uno para el otro, seguimos siéndolo
Dame el nombre que siempre me diste.
Háblame como siempre me hablaste. No uses un tono distinto.
No adoptes una expresión solemne ni triste.
Sigue riendo de lo que nos hacía reír juntos.
Reza, sonríe, piensa en mí, reza conmigo
Que mi nombre se pronuncie como siempre lo ha sido,
sin énfasis alguno, sin huella de sombra.
La vida es lo que siempre ha sido. El hilo no se ha cortado.
¿Por qué estaría yo fuera de tus pensamientos?
¿Solo porque estoy fuera de tu vista?
Os espero; No estoy lejos, sólo al otro lado del camino.
¿Ves? Todo está bien.
Volverás a encontrar mi corazón y su ternura acendrada.
Enjuga tus lágrimas y no llores si me amas.
S Agustín.







