Existen personas que, más allá de su profesión o su carrera profesional, deciden no mirar para otro lado y ponerse manos a la obra a ayudar, especialmente en grandes tragedias ocurridas más allá de nuestras fronteras. Es el caso de Joaquín Acedo. Conocido bombero de Tomelloso, ahora jubilado, nos cuenta sus experiencias como voluntario en la invasión de Ucrania, que visitó tres veces, así como los terremotos de Turquía y Marruecos, o la lucha contra el COVID19.

En esta amplia entrevista hace balance de su profesión, a la que considera «apasionante», así como un llamamiento a que los ciudadanos usen el teléfono 1006 para aquellas misiones que requieran al Cuerpo de Bomberos.
En Tomelloso Hoy: Joaquín Acedo.
Tomelloso Hoy: Queremos empezar repasando su trayectoria, ¿Cuándo ingresaste en el Cuerpo de Bomberos?
Joaquín Acedo: En diciembre de 1987, a la edad de 27 años.
TH: ¿Lo tenías claro desde siempre?
J.A: No, en aquel momento no había tanta información como ahora, pero sí trabajaba en el mundo relacionado de los sistemas contra incendios y alarmas.
TH: ¿Recuerdas aquel primer día?
J.A: Comparado con lo que hay ahora, nada parecido. Éramos prácticamente chavales. Recuerdo que en aquel entonces teníamos también las UVI Móviles en los parques. Hicimos un curso de formación de 6 meses nada mas entrar, antes de empezar a trabajar. Nos adaptamos a lo que hacían en aquel momento los bomberos del Ayuntamiento, que eran conductores habilitados como bomberos, aunque por entonces pertenecíamos ya al Consorcio de Bomberos.
TH: Y en estos 33 años, ¿qué balance haces de la profesión?
J.A: Es una profesión apasionante, cada día tienes diferentes objetivos. Si te gusta el oficio, disfrutas muchísimo de él.
TH: Un momento muy delicado tuvo que ser la lucha contra el coronavirus, ¿cómo lo vivió?
J.A: Sí. Yo me jubilaba el 4 de abril, en pleno confinamiento, y decidí quedarme voluntario hasta el 31 de julio, cuando el asunto se estabilizó un poco.
Lo que me llamó la atención del colapso que hubo es que había personas estaban habitualmente atendidos por los asistentes sociales y que, por las circunstancias, no podían ser atendidos ni se tenía noticias de ellos, ya que no tenían familiares, así que tuvimos que ir personalmente a ver en qué estado se encontraban.
Fue curioso también que en aquel momento tenía desde hacía 2 años unas 45 camas de hospital que conseguí en Valencia, que iban a tirar a la chatarra. Quería ponerlas a disposición del Hospital pero con todo el follón no pude hablar con el gerente. Hablé con Inmaculada, que por entonces era la alcaldesa y pudo hablar con él. Conseguimos duplicar las camas del hospital. Posteriormente esas camas terminaron, curiosamente, en un hospital de Ucrania tras la invasión.
TH: El conflicto en Ucrania es otro en los que has intervenido, ¿cómo surgió la idea de ir para allá?
J.A: Llamé a mi compañero Marcelino Lomas para ver si nos podíamos organizar. Él me dijo “Pa’lante”. Nos pusimos en contacto con la Asociación de Ucranianos de Castilla-La Mancha y a los 9 días de empezar la guerra ya estábamos en Kroscienko, en la frontera de Polonia con Ucrania. Esa fue la primera expedición, donde estaba todo el éxodo de refugiados por la guerra. En esta primera misión el Ayuntamiento de Tomelloso donó 3.000€; el Ayuntamiento de Las Mesas también nos donó dinero. Por otra parte el Ayuntamiento de Socuéllamos nos dejó una ambulancia en aquel momento que faltaba de todo, y con ella dejamos allí a los militares, que quedó destrozada de trabajar. También pudimos dejar medicinas. Regresamos de Ucrania con refugiados niños y mujeres. Nada mas volver preparamos el segundo viaje a Ucrania.

TH: ¿Volvisteis a Ucrania?
J.A: Sí, de nuevo con mi compañero Marcelino Lomas, la Asociación de Ucranianos de Castilla-La Mancha, y un grupo de Protección Civil de Jódar, en Jaén. La conclusión que sacamos de ese segundo viaje es que no era demasiado eficaz entregar material en un punto de la frontera a un convoy militar, porque no sabíamos si se distribuiría bien o mal, así que para el siguiente viaje cambiamos de objetivo.
TH: ¿Cómo fue ese tercer viaje?
J.A: Decidimos que empezaríamos a entregarlo a los bomberos de la ciudad mas cercana a la frontera. Tuvimos suerte porque una mujer ucraniana que vive en España conocía a la hija del alcalde de Leópolis. Hicimos una llamada para que nos recibieran en el parque de bomberos de la ciudad, que era también la Universidad estatal de bomberos de Ucrania, porque allí es una carrera profesional. Nos acompañaron voluntarios de Mallorca, que son policías y miembros de Protección Civil. Quedamos en Barcelona y de ahí hicimos el viaje a Leópolis. En esta ocasión llevamos una ambulancia que compramos con dinero nuestro y de la Asociación. Al volver fue cuando decidimos montar un grupo de rescate, porque entendíamos que no podíamos ir sin ningún nombre detrás.
TH: Otro desastre natural en el que intervinisteis fue el terremoto de Turquía a principios de 2023, ¿cómo os organizasteis para trabajar?
J.A: Cuando nos enteramos, nos pusimos inmediatamente en marcha. Tenemos una unidad canina, que es importantísima para localizar víctimas. Sin ella lo que sobra es prácticamente es mano de obra. A través de compañeros que son ONG, ya que nosotros no lo somos, conseguimos los permisos de trabajo y el traslado hasta Turquía. En ese momento no teníamos dinero, así que tuvimos que hacerlo con recursos propios, y también con ayuda de un amigo, Ricardo Billordo, que nos dio 1.000€ para el viaje, al igual que Bodegas Glomol. Al llegar vimos que estaba todo muy organizado. En el Aeropuerto nos estaba esperando un militar que nos asignó un traductor de los muchos que buscó el gobierno de Turquía para facilitar la comunicación durante la misión.
Lo que nos encontramos en Adiyaman (la cuna del ISIS) fue una ciudad normal, como puede ser Alicante, completamente caída. Nosotros llegamos el 4º día y es cierto que a partir del séptimo la posibilidad de encontrar supervivientes son muy bajas.
Era una situación muy dura, porque estábamos a 10 grados bajo. Se nos congelaba el agua en la tienda de campaña. La gente estaba con hogueras por la calle. Si es cierto que lo único que no faltaba era comida, porque había por todos sitios facilitada por el gobierno.
Al segundo día de llegar, los militares con los que estábamos en contacto nos pusieron un avión Hércules para sacarnos de la zona porque no veían seguro que permaneciéramos allí, ya que las familias en ese momento, con sus familiares bajo los escombros, lo último que quieren es que te marches de allí, pero había zonas que no eran seguras, incluso para los rescatistas.
TH: Otro terremoto, y este de hace escasas semanas, fue el de Marruecos. ¿Era algo similar?
J.A: Las condiciones han sido completamente diferentes a las de Turquía, ya que aquí las viviendas son de adobe y en un terremoto se vienen abajo sepultando con tierra a las personas, así que hay menos opciones de encontrar gente con vida. Todo lo contrario a lo que pasó en Turquía, donde sí pudieron salir más supervivientes.
TH: ¿Cómo se gestó esta intervención?
J.A: Hablé con mis compañeros de Mallorca y le dije que había que marcharnos. Por suerte, la empresa Balearia nos ha costeado siempre el traslado de mi grupo de rescate de Baleares a la Península. Para marcharnos necesitábamos financiación, el grupo pudo poner algo de dinero. Hablé también con el concejal de Seguridad Ciudadana y no tuvo ni que pensárselo, me dijo que no había ningún problema. Pedimos el todoterreno de Protección Civil, pero estaba muy mal para el viaje, así que alquilamos una furgoneta y el consistorio se comprometió a sufragar todos los gastos de la misma, entre alquiler y combustible.
Una llamada que no esperaba fue la de Repuestos Negrillo, que nos preguntó qué nos faltaba y nos ayudó en todo lo que puedo. Y también de nuevo mi amigo Ricardo Billordo.

TH: ¿Fue fácil poder entrar en el país?
J.A: Hasta dos días después no dejó pasar el gobierno de Marruecos. Incluso a países como Alemania y Francia no les dejó pasar. En la frontera nos unimos a un grupo de voluntarios y policías de Córdoba y Sevilla, que tienen una asociación llamada Asociación S.O.S Ayuda Humanitaria y que nos ya habían gestionado los permisos de trabajo con Embajadas y Consulados, algo muy complicado en estos países.
Una vez en Tánger estaba en contacto con nosotros un coronel militar marroquí, que era médico, y que nos acompañó toda la misión los dos días que hemos estado trabajando en la zona cero. Había 15 horas en coche de Tánger a la zona cero, porque es una zona muy aislada.
Nuestra misión era indicar el lugar que el perro de nos decía, si podíamos intervenir nosotros lo hacíamos y si no estaba de fácil acceso dejábamos trabajar a los bomberos marroquís, y el ejército. Nosotros no pudimos rescatar personas vivas pero sí cadáveres. Puede que salieran personas vivas en otras zonas, pero a mí no me constó.
Otro problema que trajo el terremoto a una ciudad donde estuvimos fue un arrancamiento de la montaña que desprendió una roca de un tamaño de tres trailers, que cayó ladera abajo y fue arrasando todo el pueblo, que era de 400 habitantes y tuvo 88 víctimas.
TH: Ha quedado claro que vuestra labor ha sido importante. ¿quieres hacer alguna reivindicación sobre el cuerpo de bomberos?
J.A: Sí, sobre todo aconsejarles a los ciudadanos que, a nivel provincial, cuando tengan un problema que requiera a los bomberos como inundaciones o incendios, llamen mejor al 1006 antes que al 112, ya que es mas rápido, porque es una línea directa a nuestro servicio. Llamar al 112 implica que te atienda un operador que puede no saber dónde está Tomelloso, te haga muchas preguntas, y pase el aviso al jefe de sala. Eso es tiempo perdido donde los afectados se ponen nerviosos.
Los bomberos están siempre al servicio del ciudadano, pero llamar directamente al Parque de Bomberos no es correcto, porque no pueden intervenir por la llamada de un ciudadano. Lo recomendable, como digo, es llamar al 1006 y que la central pase el aviso. En ese momento, la salida es inmediata, por ello siempre se pide paciencia a los afectados, ya que si no llegan en un primer momento es porque están en otro servicio.
TH: Ha sido un placer charlar contigo, Joaquín. Feliz jubilación y mucho ánimo en futuras misiones.
J.A: Igualmente, gracias a vosotros.







